Diario de abordo, Cap.1: Cuenta atrás...

Esta noche fue mi despedida oficial de Madrid, todavía quedan 8 días para coger el avión que me llevará a mi nuevo hogar/vida en Italia, pero el tiempo pasa inexorable y el agua empieza a llegar al cuello...
Digamos que la noche empezó tranquilita en ese lugar llamado "Macetero", sólo se aceptaban amigos allegados, tal vez por los nervios, tal vez porque nunca me gustaron las despedidas, pero claro, a ver quién es el guapo que se va sin despedirse...
Mi principal apoyo durante el último año me entrega una carta, dudo entre leerla o no, intuyo lo que puede contener, y sé que me va a costar, ya sabes, no me gusta demasiado mostrar mis emociones públicamente, pero aún así la leo; como siempre, empieza con ese ritmo divertido y loco, pero la cosa se empieza a poner sentimentaloide y empieza a costar contenerme, tal vez sea el miedo, tal vez que nunca me gustaron las despedidas, pero es en estos momentos cuando me doy cuenta de la importancia que me tiene la gente que me rodea, y me da por pensar que posiblemente no la merezca, tras unas semanas y meses ausentes, preparando egoístamente este viaje, esta nueva experiencia en la que me embarco, no les he dedicado el tiempo que se merecen, pero sentirse culpable ahora no servirá de mucho, así me limito a abrazar con todas mis fuerzas a la remitente mientras un par de payasadas salen escopetadas de mi boca para cambiar de tema y no convertir una noche de fiesta en un catastrófico talk-show.
Seguimos con la fiesta, en otros ambientes, cambiamos Moncloa por un bar cerca de la plaza de Chueca, aquí los vasos se rellenan con alcoholismos algo menos rebajados, y conseguimos que el camarero nos aconseje sobre mi nuevo destino, puesto que es nativo, y nos recomienda lugares turísticos que no debe faltar visitar... Acabamos ahí con el típico "yo nunca" para que todo se haga más ameno, ante las prisas de cambiar de lugar.
Y llegamos a otro destino, antro como ningún otro, La Ofrenda nos abre sus puertas, por primera vez en la historia previo pago, que bajo una pésima acústica nos ofrece temas rock de toda la vida. Necesito ir urgentemente al baño, y así, por ingeniosa hazaña del azar me cruzo de bruces con alguien a quien mi subconsciente echaba en falta... Sin duda, fue, es y será importante, pero todo se perdió por no mantener la boca cada uno en su lugar... Fue un microsegundo, una caricia sobre el estómago correspondida con otra sobre la espalda, un "hasta luego" me sirve para darme cuenta que también se despide hoy de mí, como los demás lo están haciendo, a su manera y sin darse cuenta, como otras veces quise creer, pero creo que hoy no mal interpreto nada, porque hoy ha sido aleatorio, hoy a sido el azar, y justamente ha sido hoy, así es eso lo que mi corazón, mi cabeza y mi subconsciente me dicen a la vez: hoy también se despide de ti. No sé si llorar o reír pero me indican que es hora de entrar al baño, que no puedo estar paralizando la larga cola para entrar al mismo en mis pseudo paranoias mental-sentimentales, así que sigo mi instinto que me susurra que sonría, ya lloraremos otro día...
La fiesta continua, pero no por mucho tiempo en ese lugar, los estragos del humo empiezan a pasar factura a mis ojos y a mi garganta, el calor hace que mi bebida no le tenga nada que envidiar al mejor de los tés y el agobio empieza a recorrer mi cuerpo. Necesito aire.
Salimos una mitad, el resto se quedará ahí, y me despido de ellos, aunque prometo llamar antes de montarme en el avión.
Un largo paseo por Madrid hace que me despeje, que me encuentre bien, siempre adoré pasear en la noche, bajo la atenta mirada de la antiquísima arquitectura característica de la capital. A las 6, un café en San Ginés, a rebosar, aunque, por cosas circunstanciales de la vida, es la primera vez en mi vida que piso ese lugar. Es agradable.
Mi noche termina en Sol, apeándome al metro y despidiendome con un hasta luego; adiós es una palabra muy fea. Todavía sigo en pie, hoy será un día largo, pero vale la pena no perderselo...
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